jueves, 6 de octubre de 2016

AGOSTO (Relato encadenado de Teresa Terán)





Relato encadenado de Teresa Terán








“Agosto y mis vacaciones”

Con la llegada del verano, uno de los meses más privilegiados es el de agosto, para obtener unas buenas vacaciones, teniendo en cuenta la climatología.
Es el mes más caluroso, o me inclino por ello, así podré disfrutar de un buen descanso físico y psicológico.
Este año he podido disfrutar del mar, de sus aguas calurosas, de esas olas que el viento riza y empuja, mientras otras más grandes se avecinan.
He disfrutado de esas playas estupendas. En la arena, contemplando como hollaba mi silueta y ese sol radiante que invitaba a bañarse en el mar. He conocido personas maravillosas, he compartido vivencias únicas. He disfrutado tanto de mi familia como de mis amigos y de cosas que para mi han sido nuevas.
Oh! Agosto de mi alma, como te voy a extrañar, de esos calores que han hecho y el frío que voy a pasar.

Texto de Candelaria González

Aunque espero el gélido frío, tengo agosto en la retina. Han sido días estupendos, en estas vacaciones pude disfrutar, como ya dije, en estas vacaciones pude disfrutar del mar con sus olas y por supuesto de la familia. También me dio tiempo para escribir, leer y sobre todo para coser y hacer punto, que también es un disfrute para mi.
Las fiestas de agosto fueron muy alegres, con tanto evento folclórico. Estuvieron Los Sabandeños, la Banda de música de Candelaria con solistas de timple, un grupo de Barranco Hondo, los jóvenes Cantadores, unos grupos del pueblo vasco, de Bolivia y de Portugal, también hubieron muchos más para festejar a nuestra querida Patrona.
La salida de la Virgen, y sobre todo la llegada, fue muy emotiva con esos ¡VIVAS A LA CANDELARIA!
Yo no había visto nunca tanta gente en esa plaza, no cabía un alfiler, esa llegada a la entrada de la basílica, vista de frente desde una azotea y escuchando ese Ave María cantado por Chago Melián, fue toda una emoción muy difícil de expresar.
Pero todo se acaba y agosto también, estamos en septiembre, disfrutemos ahora de nuestras clases hasta que vuelva un nuevo agosto.


Texto de Emma Coello

Como dije se ha ido agosto con sus fiestas, sus vivas a la Virgen, las meriendas en la tarde con las amigas y, en fin, esa sensación de libertad que siempre nos embarga en este mes.
Llegó septiembre con su maravillosa rutina, los reencuentros con las compis, retomar nuevas ideas (nuestra presi ya se ocupa de ello) la alegría de estar vivas, de hacer planes juntas, para esos meses que se nos echan encima con una rapidez increíble. Y… ¡Aquí está ya octubre! Hola octubre, aquí estamos para lo que mandes…


Texto de Francisco Murcia


-Estoy perdiendo habilidad- pensó Susa mientra tejía un jersey de punto para una de sus nietas. Los recuerdos fluían en su mente como el agua fluye de las montañas y alimenta los valles. Sentada en la playa, los agostos de su niñez desfilan  año por año, y una sonrisa de felicidad surca sus labios al ver a los nietos juguetear con el agua, los cubos y la arena. Ahora ella está disfrutando de un bien merecido descanso, observando las olas de un mar en calma que apenas se atreven a romper justo al llegar a la playa. Aún sigue viendo su silueta, y se ve de niña persiguiendo su propia sombra.
Está atardeciendo y hace un poco de fresco. Se puso una rebeca por encima y sintió un ligero escalofrío al recordar como de joven, antes de que llegara noviembre, ya comenzaba a estremecerse solo de pensar en el frío que iba a pasar. Pero agosto es eso: calor, descanso, playa, amigos, fiestas, escaramuzas amorosas de adolescentes, miradas apasionadas cargadas de intención en los jóvenes que apuntan a la madurez, fiestas y voladores, y música, mucha música en las plazas, prados o playas; un mes en el que el folclore, esa expresión natural de las esencias de cada pueblo, brota como las rosas en un jardín misceláneo, cargado de alegría y de flores de todos los colores.
Más que recordando, soñando su pasado, a Susa se le fue el tiempo. Se hacía un poco tarde y quería llevar a sus nietas a ver los voladores. La madre no podía porque le tocaba turno en el hotel donde trabajaba. Comenzó a recoger mientras llamaba a sus nietas –Jeni, Janette, -maldita costumbre de poner nombres de guiris, pensó- venga, recoger todo que tenemos que irnos, que van a empezar los voladores.
En esos momentos llegan desde la plaza las primeras notas del pasodoble Islas Canarias,  cantado por Los Sabandeños, con el que todos los años comienza el desfile de grupos folclóricos, no solamente de todas las islas, sino que a veces se suman algunos grupos de la península. Y la plaza se abarrota de gente hasta derramarse por las calles aledañas. Mientras el viento le lleva aquellas notas, Susa recordó el primer beso real, aquel que deja de ser un juego para convertirse en una suerte de contrato con el que comprometes toda tu vida. Y sonrió. Vivió enamorada toda su vida, hasta que su marido falleció por un cáncer de pulmón.
Agosto se despedía entre malagueñas, isas y folías. Atrás quedan las meriendas entre los pinos o en la playa, la inefable sensación de libertad que Susa veía renovada en sus nietas, en esas criaturas cuya presencia la elevaban hasta el cielo. Volvía la rutina, ese enemigo que combatía todos los días desde que su marido murió. La misma palabra le producía malestar. Así que las nietas con sus travesuras, sus carreras, sus juegos, sus meriendas que siempre suponían una pequeña fiesta, los libros en la biblioteca pública del pueblo –no le gustaba leer en casa por no sentirse tan sola-, y sus visitas a sus amigas, constituían ese cemento especial con el que ella intentaba reparar el vacío que había dejado su marido.

Septiembre comienza con las avanzadillas de unas nubes, apenas unas manchitas blancas en el cielo azul, anunciadoras de un cambio de tiempo; pero hasta mediados de octubre no lloverá, al menos eso dicen las cabañuelas. Susa sigue tejiendo los jerséis de sus nietas, pronto comenzará el colegio y los necesitarán.

Texto de Carlota Sosa


Y llegó otra vez el curso escolar. Susa nunca se sentía sola, pero no podía continuar con tanta inactividad. Tenía que cambiar sus hábitos. La entropía le estaba venciendo. Ella sabía que envejecer puede ser bello, pero con calidad de vida. No solo influye la edad física, también el carácter y la mente juegan un papel importante. 
Debía establecer un orden de prioridades para que su salud no se resintiera y, actuar ya, antes de volver a la rutina.
Necesitaba un punto de partida. Algo que la impulsara a ese cambio tan necesitado.
Pensó que unos días de descanso serían ideales para poner en orden las ideas.
Le gustaba la lectura y anotaba todas las cosas que se le antojaban interesantes, Decidió llevar un par de libros que, hasta ahora no había terminado de leer, pero la verdad es que no leyó en demasía, porque sus excursiones a la naturaleza le ocupaban mucho tiempo y al llegar al hotel lo que le apetecía era descansar. 
Y, tras este descanso reparador, saco las siguientes conclusiones, como un orden de prioridades en su vida: 
Primero, hacer ejercicio. Pensó que quizás parecería egoísta por su parte no poner a su familia en primer lugar, pero al sentirse bien podría ocuparse de ellos si la necesitaban.
 Buscaría alguno que se adaptara a sus necesidades. Nadar en la playa siempre que se pudiera es una buena opción. Pero también debería hacer el esfuerzo de levantarse temprano para ir a caminar. 
Con el tiempo sus paseos serían mucho más de lo que esperaba.  Notaba que si lo hacia en plena naturaleza, esta le hablaba. Le aportaba las soluciones a los problemas que la vida le ponía delante para crecer.   
Segundo: disfrutaría de las pequeñas y grandes cosas,  aprendiendo a agradecer mas por lo que nos regala la vida en este Planeta.
Tercero: empezaría a escribir. Nunca lo había hecho, pero podía ser una terapia muy interesante. Cuanto razón tenía una de sus frases anotadas, que ya no recordaba ni de quien era: leyendo aprendes a ser libre. Escribiendo ejerces tu libertad.  
     También comprendió que sin apenas programar nada, aunque haciendo un esfuerzo, podría encarar ciertas cosas que no le gustaban si cambiaba su punto de vista sobre las mismas.
     Si amigos, hay que hacer cambios y aceptar los que vienen para crecer….

FIN







domingo, 2 de octubre de 2016

AGOSTO (Relato encadenado de Francisco Murcia)

Relato encadenado de Francisco Murcia


"Un encuentro en el ocaso"

Mariano ha decidido pasar quince días en el pueblo, los últimos quince de agosto. ¿Cuántos años hace que no pasa un mes de agosto en el pueblo? Ya ni se acuerda. Pero recuerda nítidamente un agosto de hace 50 años, un lugar y una chica. En aquel momento, estaban en el corral y hacía mucho calor, ambos habían comenzado los estudios de bachillerato y seguramente algo relacionado con la tarea provocó este inusual encuentro. Eros comenzaba a llamar a su puerta tímidamente e hizo que los arroyos hormonales amenazaran con desbordarse y que sus ojos se cerraran ensoñadores. Había, justo al lado, un hormiguero, y en un intento de ganar prestigio ante ella, se arranca con unos versos sobre aquellas pequeñas, negras y hacendosas criaturas, una forma de mostrar el exiguo catálogo de los dones que la naturaleza se ha dignado depositar en él, y pensó, pobre de él, que si por lo guapo no podía ser, que fuera por lo listo. ¿Os lo podéis imaginar con una chica de quince a dieciséis años? ¿Alguien conoce a alguna mozuela que regale sus sonrisas a un intelectual en ciernes uno o dos  años mayor que ella? ¿Alguien ha oído a una chica de esa edad alabar la inteligencia de su novio ante sus amigas? Todos sabemos que cuando una chica, a esas edades, alaba la inteligencia de un chico, este chico no tiene nada qué hacer con ella, salvo que, además de inteligente, sea muy guapo. Pues bien, Mariano no disfrutaba de esas virtudes, así que nada tenía que hacer con aquella chica con la que se encontraba a solas en las horas de la siesta en un corral achicharrado por el sol.
 Ahora, cada vez que regresaba al pueblo, desde que veía los primeros perfiles de la iglesia, el edificio más alto, le venían a la memoria esos recuerdos. Con cincuenta años más y después de haber disfrutado de un matrimonio bien avenido durante la mayoría de esos años, recordaba con simpatía aquellos momentos. Ya había visto a esa chica, ahora una mujer casada y posteriormente viuda, que ocasionalmente coincidía con él durante las vacaciones; pero aparte de un hola o un adiós, no habían vuelto a cruzar palabra.
Se dispone a salir de casa y tres mujeres, de las cuales dos le resultaron caras conocidas aunque no recordaba el nombre, más su cuñada, se encuentran de frente. Mariano saluda educadamente a las dos que le resultan más conocidas y cuando saluda a la tercera, se queda mirándola  sorprendido, sabe que la conoce, pero no recuerda quién puede ser.
-Perdona –le dice- pero es que no termino de reconocerte. Sé que te conozco, y mucho, pero no acabo de relacionarte con las familias del pueblo.
-Yo soy Flor, la hija del herrero.
-Trágame tierra –pensó Mariano-. Entonces desfilaron por su mente todos aquellos momentos vividos como destellos de una esperanza que solo existió dentro de él, que nunca significaron nada para ella, pero sí para él, hasta el punto que le compuso unos pocos versos en los que imaginaba despertar de un sueño muy profundo, versos que entregó a la chica con el encargo de que los quemara si la respuesta no era positiva.
Nunca llegó a preguntarle si había cumplido el encargo. Sus vidas se separaron. Nunca volvieron a hablar más allá de cruzar un saludo tan educado como indiferente en dos o tres ocasiones en esos cincuenta años. Sin embargo, al escuchar ese nombre, Mariano reaccionó, repitió el beso en la mejilla, y sin recordarle esos versos de los que no estaba seguro que ella se acordara, envolvió sus educadas palabras en un manto de emociones que a ella no le pasó desapercibido. Dos agostos separados por cincuenta años, dos vidas que un día se cruzaron para seguir caminos divergentes y ya, en el ocaso, se volvieron a encontrar. ¿Será Mariano capaz de preguntarle por aquellos primeros versos?

Texto añadido por Emma Coello
Pero ella sí que lo había visto, cada vez que regresaba al pueblo y se encontraban accidentalmente su corazón se aceleraba locamente como cuando tenía quince años.
¿Es que acaso él no se acordaba -Se preguntaba ella- de sus largas y calurosas tardes en un corral destartalado pero que a ella siempre le pareció un palacio por la intimidad, sus confidencias, el sabe roce de sus manos que, tímidamente, y como al descuido, hacían que se prolongasen esos momentos que para ella eran los más importantes del día?

Como era posible, le decía su saludo frío y distante. Ella que durante todos estos años lo que la salvó de una vida insíida y la monotonía de un matrimonio aburrido y sedentario era soñar cada día con sus cartas, que las guardaba como su más preciado tesoro…

Texto añadido por Pilar Durán

…el amor. Dejarse arrastrar por las corrientes caprichosas del aire. Cabalgar mariposas, ligeros, sin carga que nos impida soñar. Si, es indispensable ser ligeros, de espíritu libre simplemente jóvenes de corazón.
¡El milagro del amor!
Pero sin lugar a dudas vivir va quitándole brillo a las ensoñaciones.
Dicen que la vida es la gran maestra, es cierto y hay que nacer muy espabilados para no sentir frustración por los resultados de nuestras incursiones de argonautas.
Vivir nos hace libres, también sufridores, cuando no recelosos y descreídos.
Pero solo en el pirdula  de nuestros jubileos somos capaces de recordar sin rencor, pasajes vividos. Hasta sentir algo de las emociones compartidas: el primer beso o el quincuagésimo, aunque de ninguna manera seamos tan generosos ni valientes como para arriesgar nuestra dulcedumbre actual por “amores humanos” perecederos… y aunque mis limitadas aseveraciones parezcan duras, en la intimidad, en nuestras bien defendidas cuevas tal vez seamos capaces de reconocer que algo de eso hay, no nacemos con los suficientes datos sino con las memorias, acertijos, incertidumbres y prejuicios de los que nos precedieron. Perpetuarlas o no es tarea nuestra. Resolverlas y vivir nuestra propia historia.

Texto añadido por Luisa Chico

Con todas estas reflexiones en la cabeza Mariano puso rumbo a la plaza. Hacía un calor infernal aquel año en su tierra y aunque por su cabeza rondó el deseo de finalizar pronto sus vacaciones para volver a las islas y a su clima privilegiado, el haber vuelto a encontrarse de nuevo con su amor de juventud, después de tanto camino recorrido por ambos, también le servía de estímulo para disfrutar intensamente su estancia en el pueblo. Aquella noche intentaría buscarla en la verbena y quién sabe si hasta se atrevería a sacarla a bailar.
Sentado en la calurosa terraza del único bar del pueblo, degustando una cerveza bien fría, siguió recordando aquellos primeros escarceos juveniles y las escasas veces que en los años siguientes había vuelto a coincidir con ella.
Por su cuñada Casilda, la esposa de su hermano Marcial, había sabido de su boda con Fermín, uno de los maestros destinados al pueblo, un gallego que, sin esperarlo, se vio en su momento destinado a aquel pueblo perdido en medio de ningún sitio, y de alguna forma lo envidió a pesar de que él también se había casado ya y partido hacia una nueva vida en Canarias. Siempre seguiría preguntándose qué habría pasado con aquellos versos que un día, enfebrecido por el deseo juvenil, le había entregado.
Durante largo rato permaneció sumergido en una especie de ensoñación del pasado que instaba fundirse con el presente. Los ojos de ella hacía un rato, al reconocerle, habían brillado intensamente y eso… no podía olvidarlo con facilidad. Deseó que las horas transcurriesen prestas para que la noche verbenera llegase por fin.
El anochecer le encontró recién duchado, bien vestido y con el corazón latiendo fuertemente en su pecho mientras paseaba indolentemente por las cercanías de la plaza donde sus vecinos comenzaban a congregarse. La música hacía rato que sonaba debatiéndose entre pasodobles y merengues poniendo alas a los pies de los rezagados por la cena familiar que solía celebrarse, en cada casa, en una noche de fiesta como aquella.
Se apoyó en el tronco de una acacia cercana al lugar donde ya algunos comenzaban a bailar, y encendió un cigarrillo que le calmase un poco antes de integrarse entre sus vecinos.
Desde allí la vio llegar a la plaza con sus primas. Desde donde él se encontraba intentando relajarse un poco tragó saliva a duras penas al observar como muchos pares de ojos masculinos se volvían hacia ella en cuanto hizo acto de presencia. Había enviudado hacía dos años y los hombres que permanecían libres por alguna circunstancia comenzaban a fijarse en ella. Sorprendido notó un ramalazo de celos correr por su interior y arrojó lejos la colilla encendida. Estuvo a punto de darse la vuelta y regresar a su casa pero… aquella mujer le atraía como un imán. Así que en lugar de hacer eso encaminó sus pasos yendo a su encuentro con toda la intención de saludarla e invitarla a bailar.

No es que él se considerase un bailarín experto pero sabía que se le daba bien y creía recordar que a ella le encantaba bailar. Deseó que ese gusto por el baile no hubiera sido mermado por el paso del tiempo…

Texto añadido por Teresa Terán

Mariano estaba abigarrado, pero fue tanta la emoción que sintió el volver a ver a Flor, la hija del  herrero, que le impulsaba a estar en el baile, se preparó  para la ocasión su mente estaba fijada de esos recuerdos vividos  que logro extender sus pensamientos intentando alcanzarla  e  intentando ser alcanzado.
Su mirada estaba perpleja y no sabía cómo sacarla a bailar y pensó: «voy acercándome a ella y le saco un tema de conversación con la cual aprovecho para invitarla».
Intentando darme paso entre la muchedumbre,  entre el bullicio trivial de la gente, cuando iba llegando a su altura,  apareció su tía Rosa y se fueron cogida de la mano hacia la iglesia, al verlas entrar no las perdí de vista y le seguía cada uno de sus pasos.
Sabiendo que había quedado viuda a mi padecer era el momento de tener con ella una amistad más profunda. Me sentía atraído y me parecía un amor imposible.
Como era el 31 de agosto y concluía mi estancia en el pueblo, tenía que regresar.
Cuando me disponía a marcharme me encontré a mi amigo José que hacía tiempo que no lo veía, me invitó a una copa y charlar, tanto es así que  llegamos hasta la madrugada.
Me pregunto por esa chica,  se refería a Flor y le conteste: «Hay cosas que tengo claras, el volver al  pueblo y encontrarme nuevamente con ella, y expresarle mis sentimientos».

Texto de Carlota Sosa

Mariano debía regresar a las Islas este último día de vacaciones, pero... y si cambiaba el billete de avión y retrasaba su viaje hasta hablar con Flor. Tenía que saber si existía alguna posibilidad que ese affaire de juventud se convirtiera, ahora, con el paso de los años, en un amor de otoño.
           
Pudo la cordura antes que la locura.
Aunque la vida es una aventura
pocos dejan lo conocido por una quimera.
No tenía que perder, si así lo hiciera
tal vez, ella le quisiera.
           
En el otoño de una vida
cuando ya el frío invierno comienza,
puede sentir tanto calor el corazón
como en la primavera.

Meditaba, pensaba, y sus dudas volvían. Cogió la maleta. Se disponía a llamar a un taxi cuando el destino dispuso que se volvieran a encontrar en el camino. Levantó la cabeza y ella estaba allí, esperándole.
Sus miradas se encontraron. Flor sacó unas hojas ajadas de su bolso y le dijo:
         - Mariano, no podía dejarte ir sin hablar contigo.
Con los ojos muy abiertos por la sorpresa Mariano le respondió:
- Yo tenía que quedarme para decirte que has despertado en mí recuerdos alegres de la juventud. Y quisiera… -Flor no le dejó terminar…
-Siempre conserve tu poema. Me servía de aliento cuando las cosas no iban tan bien como debían. Se, intuitivamente, que podríamos, ahora, comenzar de nuevo. Nada ni nadie podría impedirlo, pero… lo impide mi corazón… Una parte de él te reconoce, pero toda una vida lejos de ti pesa mucho. Adoraba a mi esposo, el ser con quien compartí mi vida. Sigo queriéndole. El siempre me amó. Mientras yo pensaba en ti, el me acompañaba. Ahora, que no está físicamente presente, su amor permanece en mí.
Las lágrimas comenzaron a caer por las mejillas de Flor. Mariano la abrazó y la comprendió.
- Escríbeme, de nuevo, otro poema. -Continuó su amiga- Lo guardaré junto a mi corazón hasta que en mis sueños no despierte y me reúna, otra vez, con mi amor. Bendiciones para ti y los tuyos. Siempre fuiste, eres y serás mi poeta preferido. Siempre fuiste, eres y serás mi poeta del amor.
Mariano fue el último en embarcar. Sin volar estaba en las nubes de la ternura. Ya en el avión comenzó a escribir otro poema para Flor.


FIN


AGOSTO (Relato encadenado de Luisa Chico)



Relato encadenado de Luisa Chico


Siempre intuyó que agosto era el mes del amor. Quizá porque un caluroso día de ese mes ella misma había venido al mundo fruto del amor de sus padres.
En agosto fue feliz en su infancia y adolescencia, puesto que era el mes de las fiestas de su pueblo y bajo los farolillos de la plaza el amor pululaba entre el gentío tratando de unir corazones. Ella misma se había enamorado bajo ellos una noche de verbena siendo aún muy joven.
Con los años, cada agosto le traía emociones nuevas, ilusiones nuevas, proyectos nuevos… Seguramente influía que los astros estaban alineados en su signo natal, Leo, pero cada agosto surgían imprevistos que la llevaban de la mano por el sendero de la felicidad, y como no podía ser de otra forma, agosto le trajo de nuevo el amor bajo el tenue brillo la luna en cuarto menguante y los sonidos que anunciaban fiesta.
Cerró los ojos, se armó de valor, tiró la última barrera, planchó su mejor blusa, aquella que tenía un escote pronunciado tan propicio para atraer miradas, y salió a por todas. Al fin y al cabo era… agosto y él la esperaba.

Texto añadido por Carlota Sosa

Las horas de aquel día habían transcurrido lentamente.
Atardecía.  El cielo se vestía de colores. Los trazos en naranja eran cada vez más pronunciados, acordes con el rojo pasión de su corazón, que palpitaba con la alegría de un encuentro de amor. Logró calmarse cuando en el horizonte apareció una delgada línea en tonos rosa-violeta que anunciaba que el Sol se apagaba para que la luna y las estrellas se encendieran.
Una  refrescante y suave brisa movía las guirnaldas que adornaban las calles del pueblo.
 A lo lejos, divisó su silueta. En ese instante  comenzaron a volar mariposas en la boca de su estómago. A medida que su figura avanzaba, nubes de mariposas le habitaban.  Aun sentía en su piel el roce calido de sus manos entrelazadas y esa respiración entrecortada tan cercana a sus  labios. En ese preciso instante, unos vecinos le saludaron.
 -Buenas tardes. esta noche el jurado del concurso de bailes emitirá su veredicto, tú bailaste muy bien  y,  probablemente, te darán algún premio.
¡El concurso de bailes!  ¡Lo había olvidado!
 Busco, otra vez, la figura amada, pero no estaba… Sintió su voz, algo lejana.  En el otro  extremo de la plaza charlaba, alegremente, con una chica despampanante.  Los dos señalaban una estrella en el cielo. Venus, que acompañando a la Luna, brillaba en todo su esplendor.
- En mitología Venus es la diosa del Amor.  -le oyó decir-.
Por su cabeza pasaron mil pensamientos por segundo. Volvía sobre sus pasos cuando él le llamó.
-Ven, por favor, quiero presentarte a Daniela, ha venido a pasar unos días con la familia…

Texto añadido por Francisco Murcia

Guayi sintió que su corazón se detenía para volver a latir alocado, casi con violencia; tanto, que comenzó a dolerle, su respiración se aceleró y el rubor la inundó de tal forma que no quiso volverse inmediatamente. Hizo intención de seguir como si no hubiera oído bien la llamada de Toni; no quería que la viera en ese estado de excitación, y menos frente a esa Daniela. Los hombres son un poco torpes a la hora de entender ciertos signos que a las mujeres le resultan tan evidentes como si estuvieran leyéndolo en un libro. Y Daniela es una mujer, y como tal, leerá en ella la pasión que la dominaba por Toni.
Siempre se habían tratado como amigos, vivían en la misma calle y se conocían desde pequeñitos. Nunca habían reparado el uno en el otro hasta que comenzaron a despuntarse en él las primeras pelusillas del bigote, coincidiendo en ella con los primeros síntomas de unos pechos que comenzaba a anunciarse. Entonces la miradas dejaron de ser inocentes y comenzaron a cargarse de mensajes velados que a él, más interesado en el futbol y los amigos, le pasaron totalmente desapercibidas.
Hasta que llegó el concurso de baile. Entonces Guayi, llevada por un impulso irresistible, pegó su cuerpo al de él de tal modo que ambos parecían uno solo, y se movían con tal armonía que parecía que un solo cerebro dirigía la orquesta que todos esos músculos estaban interpretando. La cadencia de las notas, la suavidad de sus caderas, la turgencia de unos senos aún inmaduros, la proximidad de su rostro, el alabastro de ese cuello cuya llamada apenas podía contener, el perfume que exhalaba ese cuerpo, todo en ella era una llamada imperiosa al amor. Y Toni, que apenas había dejado al balón para ir a la universidad, se sintió transportado al paraíso. Y bailó, bailó como no lo había hecho nunca, sus pies eran alas que lo paseaban por las nubes de su fantasía, siguiendo las notas de una música que le parecía celestial. Y ella no era otra persona, era un prolongación de sí mismo que adivinaba cada movimiento, cada gesto. El lenguaje de sus cuerpos era una melodía que trascendía los límites de la música. Ambos, navegando en la nube de sus sueños, uno junto al otro, pegaditos como si de un solo cuerpo se tratara, se olvidaron del concurso, del baile, de la gente. No bailaron para el pueblo que los observaba, bailaron para ellos mismos, bailaron poniendo en cada paso un sueño y un deseo: Seré tuya, prometió ella en su corazón; serás mía, escribió Toni en sus entrañas.
Y ahora estaba ahí esa Daniela. Comenzó a odiarla en el mismo momento en que la vio junto a Toni, odió ese rostro antes de verlo de cerca y quiso imaginarlo feo; odió ese cuerpo de escultura griega y deseó que exhalara olor a muerto. Por fin, respiró hondo, se volvió hacia ellos y lentamente se acercó, todavía con un rubor que no podía disimular. Al acercarse, todos sus temores se confirmaron: Daniela era una mujer de las que quitan el hipo a cualquier hombre; rostro de diosa, melena natural rabiosamente bella, sin necesidad de peluquerías, cuello perfecto y cuerpo capaz de servir de modelo al mismísimo Miguel Angel si éste hubiera querido hacerle una compañera a su David.
- Guayi –dijo Toni- te presento a Daniela. Ha venido a pasar estas fiestas. Es italiana y está con una beca de Erasmus aquí, en La Laguna. Acaba de llegar y como no conoce todavía a nadie y estamos de fiestas, pues la he invitado para que conozca a la gente de aquí, nuestras costumbres y se divierta un poco.
- Hola –dijo Guayi con toda la frialdad que le fue posible y mirando fijamente a Daniela mientras pensaba: Tú no me los vas a quitar.
- Hola –Contestó Daniela.
Ambas se miraron fijamente, ambas se entendieron. El único que no entendió nada fue Toni.

Texto añadido por Mercedes Reyes
Estuvieron en las fiestas del Cristo,  pasándolo muy bien, la llevaron al dar un paseo por la isla, visitaron el Teide, recorrieron la isla de punta a punta.
Daniela está muy feliz con tanta amabilidad, pero a su vez estaba algo desconcertada por la actitud de Guayi, pues no entendía porque le hablaba con tanta frialdad y a su vez era muy amable con ella.
Un día la invitan a comer a un Guachinche pues ella no sabía lo que era, por más que le explicaban, le decían que era un lugar para comer y beber el vino de cosecha propia. Así que sin más se va a la Matanza, llegan a una casa antigua con un gran patio canario con muchas flores, una terraza con unas mesas con manteles de hule, y bancos para sentarse, al principio estaba un poco atónita, pero ya sentados en la mesa va entendiendo lo que los amigos le explicaban.
Rinnng…. Ring….suena el móvil de Toni, se disculpa y se levante de la mesa y se aleja para contestar la llamada. En este momento Daniela no puede más y le dice a Guayi –--- he notado un comportamiento extraño hacia mí, se debe a algo? Guayi tímidamente le dice: es que yo estoy enamorada de Toni de toda la vida y al llegar tú he pensado que mi esperanza de estar con él se había desvanecido, y te veía como mi rival.
¡Hay Guayi….! Puedes estar tranquila, pues yo en Italia tengo mi pareja y un hijo que tiene ya dos años, y lo de la beca Erasmus me llego algo tarde pero la quise aprovechar no solo por los estudios, sino por venir a Canarias y ver al amigo que tanto me ayudo en unos momentos difíciles de vida, pues mi pareja actual no es el padre de mi hijo, y en aquellos tiempo Toni estaba en Italia, había ido a estudiar el italiano, y mis padres le habían alquilado el piso donde él estaba viviendo. Y desde ahí hicimos una buena y verdadera amistad
Verdad es que intimamos mucho, tanto que yo ya te conocía pues él no paraba de hablar de una chica que era su amiga desde la niñez y que siempre le había gustado y que cuando volviera a Canarias se quería comprometer pues la veía como la madre de sus hijos.
Puedes estar tranquila, le dice Daniela, pues a mí solo me interesa su amistad, porque un corazón cuando ya está ocupado por un gran amor difícilmente queda hueco para otro, y yo prefiero que siga siendo un gran amigo que ser una simple aventura. 
Yo en cuanto pasen los cuatro meses de la beca estudios, me iré nuevamente a Italia porque allí tengo mi vida y mi familia que me esperan.

Cuando regreso Toni, se quede perplejo de como mantenían una conversación tan amena, y muy distendida.   

Texto añadido por Matale Arozena

Todo había cambiado para ambas, a raíz de esta conversación. Para Guayi, el mundo gris que le rodeaba se tornó diáfano, alegre y luminoso, como un día de agosto, donde los rayos solares y el agua se confabulan para darle a la tierra su mejor vestido. A Daniela, le alegró terminar con la incertidumbre ante la actitud de Guayi que la tenía desorientada puesto que no veía el motivo que la hacía mirarla con recelo. Decidieron ir a celebrarlo tomándose algo y seguir hablando de sus vidas. Marcharon dejando a Toni con tres palmos de narices y preguntándose por qué las chicas eran tan imprevisibles.
Toni no entendía esta movida. ¿Se habrían dado cuenta de sus verdaderos sentimientos y se habían confabulado? Las quiere a las dos como amigas. A Daniela la quiere con un sentimiento de protección, casi como una hermana, aunque con Guayi tiene una relación más duradera y más tendente al enamoramiento; le gustaría que fuera la madre de sus hijos pero cada vez más aflora una nueva orientación de su vida. ¿Será miedo a comprometerse? No, eso no tenía sentido.

Toni decide ir a buscarlas y más tarde ya rebuscará en las alforjas de sus sentimientos a ver si aclara este lío que lo convierte en la duda andante.




Texto añadido por Pilar Durán

Funambulistas,  con todo ese vacío rodeándonos,  soñamos avanzar.
Sueño  dorado  manto que precede  nuestros  días.  A su influjo edificamos,  demolemos…
Nuestra  fantasía  se  eleva  al cielo y a veces cae estrepitosamente.
Expectantes,  ansiamos  un  gesto… que será   argamasa  para la ensoñación. Una promesa  de  futuro… para construirnos, para construir…
Un lienzo  donde proyectar  la vida.
Cuándo nos resistimos  al compromiso  y dudamos, entonces,  sólo entonces, es que se nos  ha escapado  la juventud, porque  para construir como un artista de circo, hay que ser joven.  Creer. Sin miedo.
Tener el valor de prescindir, a sabiendas de que la soledad  acecha, esto es cosa de mayores. De guerreros, sabios en experiencias.

Dicen que un día los hombres de un pueblo decidieron rezar para que lloviera. El día de la reunión toda la gente vino, pero sólo un niño llegó con paraguas. Eso es Fe.


FIN


AGOSTO (Relato encadenado de Matale Arozena)


Relato iniciado por Matale Arozena


Ahora, cuando el tiempo es luminoso, mientras me abanico y pienso entre resoplidos y sofocos, que este año hace más calor que nunca, me apetece pasearme por las páginas del calendario (debe ser porque estoy aburrida). Después de bajar, subir, correr a derecha e izquierda, me detengo en el mes que tiene nombre de emperador romano, el octavo de doce hermanos, distintos como los dedos de la mano. ¿Por qué? Porque en sus tiempos, lejanos y no tan lejanos, las vivencias me imprimieron parte de mi alegría de vivir. Es un mes transgresor, bohemio, ocurrente, creativo y un poco pícaro. ¡Me encanta! Sus números rojos son casi iguales en contenido que el resto de sus compañeros de página. Mientras en sus hermanos el tiempo sucede monótono, rítmico y hasta un poco rutinario, su tiempo es anárquico y te invita a comportarte de la misma manera. 
Me detengo en el número diez y me asomo al cero... Uf, veo a mi padre en su santo contándonos historias de San Lorenzo y nosotras bailando alrededor, ¡a quien se le ocurre nacer el día más caluroso del año! Yo creo que por eso era tan cálido, sobre todo cuando te acariciaba con sus manos de terciopelo. ¡Pum! 
Me alongué demasiado, acariciando recuerdos, y salí hacia abajo disparada, gracias que el número dos del veintidós, me trabó por el cinturón, me permitió sentarme en él y columpiarme un poco, mientras veo a mi hermano que se atrevió a nacer ese día. Cuando todo el mundo estaba de vacaciones, hizo trabajar a mi madre lo indecible, bueno y a la partera. Está montando en la bici comunitaria y me parece ver su cabeza con un rapado creación de mis hermanas mayores que lo pelaron para quedarse con el dinero que mamá les dio para que lo llevaran al barbero. Un desastre para todos: él horroroso, mis hermanas castigadas y yo también por consentidora. 
Me bajo del improvisado columpio, y muy despacio me acerco a los tiempos finales, como no queriendo perder la esencia de este mes que me hace volverme distinta. No quiero volver a la rutina, a lo establecido... pero la vida me ha hecho curiosa y ya estoy alargando el cuello para ver qué encuentro de mi vida anterior y entremezclarlo con lo que escribiré de mi vida en estos renglones de tiempo. 
En este mes de Agosto, tiempo y vida se dan la mano.

Texto añadido por Luisa Chico

Pasea que te pasea he recordado otro día de agosto, este más cercano, donde la alegría y la amistad se dieron la mano para hacer feliz a una buena amiga que cumplía años, me aúpo hasta el 17 y me siento a horcajadas sobre el palito de abajo, el de arriba me protegerá del tórrido sol que todavía nos acompaña.
¡Qué buenos recuerdos me invaden! La cara de felicidad de mi amiga ese día será difícil de olvidar. Su sonrisa, casi siempre presente, se acentuó aún más si cabe ese día entre poemas, canciones, alegría, regalos y fiesta. Una tarde maravillosa que seguirá marcando los días especiales de agosto. Espero que la muñeca que le hice le gustase, casi estoy segura que si porque ella ama el folclore igual que yo.
Me deslizo por el palo que sostiene el 7 y parto en busca de nuevas vivencias…

Texto añadido por Carlota Felipe

Aterrizo en el ocho. Como no tiene ángulos, me coloco en el centro. Buen sitio para la calma que se disfruta en vacaciones, alejada de los vientos huracanados que soplan por el mundo. Ufff...  Necesitaba esta pausa entre sus alas redondas: tierra y cielo, suelo y sol, alma y cuerpo.  El espejo y su reflejo…¡Siiii!  La dualidad.  Pisar firme y, al mismo tiempo, volar….
Gira la rueda de la vida y yo giro el ocho para danzar con la mía. No lo puedo evitar, me gusta el baile. Bailo  y canto a la vida con mi grupo de amigos. Me gustan las habaneras a las que he puesto letra y poesía…
Pienso en mis queridos hijos que descendieron desde el infinito a este mundo y a mi corazón, dos células unidas que se dividieron, hasta  tomar forma  dentro de  otro circulo sagrado, mi vientre. Vuelvo a mi esencia femenina de  madre, esposa, amante….
Me siento tan a gusto en el ocho, que no quiero que transcurra el mes, pero, dando un giro, saltaré…


Texto añadido por Mercedes Reyes

Y sin dudarlo salté al nueve, como nueve meses son los que mi madre me tuvo en su vientre hasta el día en que nací.
Nací en el seno de una familia, que aunque no era rica, si éramos muy felices ocupando el 9º lugar de la prole, la benjamina de una gran familia. Vivíamos en un pueblo de montaña tan frío que cuando llegaba el invierno apenas se podía salir de la pequeña casa, la nieve nos rodeaba, teníamos que tener siempre leña para mantener el fogón permanentemente encendido.
Pasado el invierno, cuando llegaba la primavera, todo se veía precioso, el campo se llenaba de bellas flores, los pajarillos cantaban, el sol brillaba…. 
Recuerdo aquellos días en los que nos teníamos que levantar muy temprano para echarles de comer a las cabras, era uno de los sustentos de la familia, ya que nos daba la leche y con ella mi madre hacia el queso.
Yo ayudaba a mi madre a echarle de comer a las gallinas y recoger los huevos, con los que  hacia dulces, bizcochones, rosquetes... y un sinfín de comidas, ella me permitía siempre, que la ayudara.
También cultivábamos verduras, hortalizas y frutales en aquel enorme  huerto, además de las yerbas medicinales pues mi madre, que era muy sabia, cuando alguno de nosotros se ponía enfermo nos curaba con brebajes de yerbas.
Al ser yo la más pequeña de una familia numerosa gozaba de algunos privilegios, como por ejemplo que nunca me llevaban al campo a ninguna tarea, mi padre decía que como era la más pequeña debía ir a la escuela, y así lo hice.
Fui a la escuela y aprendí muchas cosas; aprendí, porque la tierra es redonda, porque el sol gira alrededor de nuestro planeta, el porqué de las mareas, porque crecen los árboles, por qué florecen las plantas, la vida marina... ¡tantas cosas apasionantes! que me interese mucho por biología, tanto es así que mi padre me dijo un día: “¡Hija…!: en esta vida hay que estudiar y hacer lo que a uno le gusta”.  Fui a la universidad y estudie lo más que me gustaba, que era la biología, descubrí en ella, mi gran pasión por las ciencias.
Estando en el último año de carrera, conocí a un muchacho que estaba en mi clase y era muy guapo e inteligente, me gustaba mucho, casi puedo decir que me enamoré de él, pero tenía un comportamiento algo extraño, y eso es, lo que en la universidad no se pude aprender.

¡No lo pude aprender porque la actitud del ser humano no viene escrita en los libros!

Texto añadido por Adela Corujo

Qué afortunada me siento en la universidad. Estoy haciendo bilogía. Me encanta la naturaleza, me siento parte de ella, estoy tan centrada, que no tengo tiempo. 
Pero un día pasó un chico por mi lado y me percaté de lo guapo era, sus formas no eran las más correctas para mi. Yo digo siempre que todo tiene un porqué; muchos porqués han sido parte de mi existencia, así que fui despacio y nos hicimos amigos. Me encantaron sus porqués. ¡Pobre Jonatan! Su vida, marcada por la tragedia marcada por el amor y desamor que todos tenemos. 
Calma…, todo tiene su tiempo. Quédate con lo que te enseñó, y te hizo mejor en tu camino, porque en eso de amar, aunque hay mucho escrito, hay que vivirlo para sentirlo. ¡Ánimo, amigo!, busca tu equilibrio porque está dentro de ti, es tu luz quien alumbra tu camino. ¡Te quiero, mi querido amigo!
Nos hicimos inseparables, en poco tiempo terminamos nuestra carrera y cada uno cogió su rumbo, asumiendo la responsabilidad que lo que conlleva el tener el timón de nuestras vidas.
Gracias, mis queridísimos padres por creer en mi y ayudarme en mi carrera. ¡Los amo!

Texto añadido por Mercedes González

Pendiente






AGOSTO (Relato encadenado de Adela Corujo)


 Relato iniciado por Adela Corujo

Me dijeron que hablara de ti, vamos a hablar de ti y de mí. Te observo y he notado este mes mucho calor, a la vez la tierra se enfadó en todo el mundo, será porque representas el ocho, todo lo que es arriba es abajo, formas parte del verano y por eso también he disfrutado, no tenía normas, ni horarios ¡yupi!
He tenido varios cumpleaños, mi padre hubiera cumplido, mi hermano cumplió y ese día 19 bailando cariñosas, con su risa nerviosa, mi hija me dijo: mamá estoy embarazada. ¡Ay! Mis ojos se abrieron, ya el tercero, 4 años, 18 meses  y ahora otro, 26 aniños… ¡tú sabrás! Qué Dios las bendiga. También fue el cumpleaños de nuestra cabecera de Alisios de verso y prosa, una sorpresa le dimos, a mucha gente conocí y disfrutamos. Así que, gracias porque me diste la oportunidad de terminar y de disfrutar de ti, mes de agosto.

Texto añadido por Pilar Durán

¿Qué?
…claro que agradecemos la vida, pero, ¿a quién?
Los que saben de otras cosas, hablan de un Poder Superior, seguramente hablan en otras lenguas. No entendemos bien sus mensajes, limitados como somos y bastante sordos.
Todo va a seguir pasando y los niños concebidos con más o menos conciencia. Seguiremos escuchando los tips con que nos torpedean desde todos los lugares, revistas, almanaques, tv. Nos gustan, pero indefectiblemente seguirán explotando bombas sobre los inocentes. Lo sabemos y continuara la hambruna y el deshonor sobre nuestros semejantes.
¡Qué injusticia! Claro, y es lo que la justicia no da de comer sino a los abogados.
Nosotros seguiremos quejándonos desde nuestros confortables atalayas, derramando lágrimas de cocodrilo porque, digamos la verdad, en la comparación con los infortunados salimos ganando. Y así… ¡Se está tan cómodo!
Pero como está de moda ser positivos, además de muy bien visto, dejamos de conectar con nuestro sentido común para comprar en el gran supermercado de las palabras conceptos, alientos que nos reconcilian con nuestra conciencia.
Comprar y vender. Bien vestidos y barnizados.
Está  demostrado que somos compradores compulsivos de TODO. Y esas frases positivas nos las regalan, con inusual generosidad, sin las cosas ¿qué hacer? Mejor que no escuchen estas reflexiones y así pasan desapercibidos, no convertimos en incómodos. Seguir como siempre discretos paseantes en esta locura de mundo y levanta de vez en cuando una tímida banderita a favor de la libertad de pensamiento.
Seguir pensando “Qué buena gente los de las tabacaleras” que nos advierten que fumar MATA… pero las fábricas de comida basura se olvidan de decirnos que estamos creando un país de obesos y cuantas cosas más.
Somos muy dados a usar protectores – orejeras.
Asentir y consentir. Así, en mi opinión son más llevaderas las carencias.

Texto añadido por Luisa Chico

Mientras reflexiono sobre todo esto vuelvo a pensar en mi hija y su reciente embarazo. No puedo quitármela de la cabeza. La precariedad económica del matrimonio me preocupa,  y ya tienen otros dos hijos que criar… Debería sentirme feliz porque voy a volver a ser abuela, feliz por ellos que seguramente estarán todavía más asustados que yo, feliz porque mis nietos van a tener un nuevo hermano, y sin embargo me reconcome la incertidumbre. ¿A qué  mundo va a llegar mi nuevo nieto? ¿Estaré a la altura de lo que se espera de mí como abuela? ¿Podrán salir ellos adelante sin que el agotamiento pase factura a su salud? Estas y mil preguntas más rondan mi mente desde que lo supe aquel 19 de agosto.
Mientras le doy una vuelta tras otra a esta nueva circunstancia abro la bolsa de papas fritas (por llamarlas de alguna forma) y enciendo un nuevo cigarrillo. ¡Total, de algo hay que morir!


Texto añadido por Matale


No mi niña, ni saltándote la dieta y haciendo lo que el médico te ha prohibido, vas a solucionar nada y menos si el “problema” te viene caído del cielo (nunca mejor dicho, porque para mí es una bendición). De algo hay que morir... ¡Morir! Sinónimo de terminar, acabar, desaparecer. De eso nada, amiga. Yo le daría otro sentido a la misma palabra: morir de amor... morir de gusto... morir de risa y... un sinfín de muertes semejantes. Esas son las muertes que me gustan; ¿por qué? porque las elijo, en mayor o menor medida. Ahora también te digo amiga, este mes de Agosto se presta para morir de cosas buenas y ¡hasta de calor! No sé si opinas lo mismo que yo, pero es un modo de ver la vida a través de la muerte (o mejor dicho, de las muertes) que me ha servido en muchos momentos Si, ya sé que la mayoría de las veces, haces caso omiso de lo que te digo. Por eso tengo que meterme en tus sueños, para hacerte ver, que darle muchas vueltas a las cosas, a lo único que nos lleva es al agotamiento. Ring, rinnng,... ¡Mmm! por Dios ¿qué hora es? ¡Ufffff he dormido como una lirona! Pero, ¡qué suerte tengo! Ahora mi razón-conciencia entra a hurtadillas también en mis sueños y no me deja descansar. Pero bien mirado voy, mi querida amiga metomentodo, a seguir tu sugerencia, voy a dejar que la vida siga su curso y buscar a mis muertes preferidas entre los días de este mes que me entusiasma, agosto, el oasis cíclico de mi camino.



Texto añadido por Mercedes Reyes

Aunque pensándolo bien y mejor, creo que agosto es un muy caluroso para morir, yo casi prefiero que sea en primavera, así que voy a esperar a ver que me depara la vida en este tiempo de espera. Por suerte solo era la conciencia que me hablaba en sueños.
Entretanto voy a seguir con mi rutina, seguiré trabajando, asistiendo a mis tertulias literarias, disfrutando de la familia, los amigos y, por supuesto, las parrandas en algún guachinche de mi tierra, comiendo y bebiendo buen vino.
Ahora mismo me siento en mi mecedora a leer el libro que hace unos días empecé, que tengo ganas de saber cómo finaliza ya.
¿Qué estoy oyendo? Parece un zumbido, ¡oh!, ¡No! es un bullicio de voces o eso percibo, pero creo que se oyen varios, parece que tararean una canción…. ¡Voy a asomarme al balcón a ver si veo algo!, cada vez lo escucho más cerca, parece que están en la calle de atrás…, ya asoman por la esquina, ¡Dios mío vienen hacia aquí…! Pero no son dos, ni tres, son muchos, y se van acercando  cada vez más, es un grupo bastante numeroso y todos visten igual, con capas negras y una escarapela con muchas cintas de varios colores, pero… ¿quiénes son? Suenan guitarras y bandurrias, tambores y panderetas, cada vez están más cerca, y tan cerca que ya están debajo de mi balcón, son mis amigos de la tuna que entonan bellas canciones que me han hecho retroceder a la época de estudiante. Me están cantando a mí, ¡que feliz me siento!

Me preparo en un momento, me arreglo un fisco y me uno a ellos para seguir rondando a las muchachas del barrio, y así hacerlas felices como me han hecho a mí.

FIN

NOTA: Este relato finaliza aquí puesto que su impulsora, Adela Corujo, causa baja en el grupo de forma temporal.

sábado, 24 de septiembre de 2016

AGOSTO (Relato encadenado de Pili Durán)

 
Relato iniciado por Pilar Durán


Título pendiente

Le costó marcharse a este mes de Agosto, donde hasta la piedra transpiraba sofocada... Casi sin ruido, la gente paseaba en silencio. Sólo en la noche parece revivir la ciudad. Entonces, como pájaros nocturnos iban apareciendo ahítos de líquidos, los vecinos. Agosto de las mil caras, dejó exhaustos a los que esperaban cambios. Nada cambió. Siguen los mandamases recolocando, nombrando sin importarles las denuncias, que los llamados a votar, balbucean. ¿Corruptos?... Todos, los que votan, los que compran y los nombrados: ¡TODOS! Las pateras siguen apareciendo en las costas, cargadas de dolor e incertidumbre. Siguen también los dirigentes de todos los partidos, yendo rápidos a primera fila de todas las catástrofes a “hacerse la foto. La tierra se mueve, los volcanes entran en erupción. Todo el orbe se calienta y los ciudadanos de este maravilloso planeta, como respuesta, van a hacer “el agosto” a los centros comerciales sin pudor, alguno, con la ilusión de encontrar gangas. No tiene vacación el infortunio, pero parece que la desgracia sólo les sucede a los otros.

Texto añadido por Francisco Murcia

 Y la desgracia también nos toca a nosotros, a todos y cada uno, aunque a unos más que a otros. Agosto se cayó del calendario, sin ruidos, en silencio, tal como había llegado. Nada cambió. La mies amarilla en los campos dejó de pasar la guadaña, segando los tallos a ras del suelo, como segaban los cuellos las revoluciones de antaño. La miseria, sin embargo, sigue haciendo su agosto, no importa que el mes haya huido o se haya caído del año, no importa, la miseria no tiene fecha en el calendario. Los bañistas en la playa, miran extrañados un punto que las olas mecen en la lejanía, demasiado pequeño como navío, demasiado grande como canoa. Pasan las horas y aquel punto, ya más cerca, se ha convertido en un enjambre de cabezas; un rumor sordo llega hasta la playa, las aguas quedan desiertas de bañistas y las arenas repletas de gente, a la expectativa, observando aquellos pares de ojos, desorbitados, de bocas suplicantes, de pieles oscuras y macilentas, de miembros temblorosos que se extienden, solicitando ayuda. Frente a ellos, en gigantescos carteles que parecen brillar con vida propia, se anuncian con impunidad obscena, las delicias de un mundo de consumo exagerado, desmedido, despiadado. ¡Compre, compre, compre! Un coche, un piso, unas vacaciones en lugares remotos; los mejores calzados, los mejores vestidos. Y aquellos ojos desorbitados y hambrientos observan la gigantesca paella de un cartel anunciador, mientras sus estómagos se contraen, se retuercen de dolor. Los colorados, los azules y morados, los naranjas y otros más, se han vapuleado en el congreso de lo lindo. Cañoneras, piden unos para evitar a esta gente que viene a molestarnos y a robarnos el trabajo; alambradas, piden otros, para impedirles el paso, y aquellos que se dicen más humanos, quieren centros de acogida, medicinas y alimentos para esta pobre gente, pero ninguno de ellos lleva a un indigente a casa. Todos ellos se están bronceando, mientras contemplan, impávidos, como arriba la patera con 60 personas vivas y una decena de muertos. La tierra sigue girando, los inviernos y veranos se suceden, los volcanes siguen vomitando fuego, creando y destruyendo vida, como siempre lo han hecho. Los políticos discuten mientras el planeta sufre las consecuencias de intereses inconfesables. Los agosto siguen pasando, las pateras siguen viniendo y los políticos cobrando, sin que ofrezcan solución a los problemas creados por pura y simple ambición. Otro agosto se ha pasado y ha sido otro agosto sin cambios.

Texto añadido por Matale Arozena


Bueno, pues si, ya Agosto nos dejó, como está diciendo en la radio un comentarista que me encanta, Paco Murcia, aunque hoy ha bajado un par de puntos por despertar mi conciencia. Con lo que me había costado dormirla...
Y el mes caluroso se fue dando un portazo político, al ocio y sabe Dios a cuantas cosas más.
Está claro que cuando vuelva no recordará nada de su vida anterior y empezará de nuevo, con una inercia irremediable, con lo viejo... ¿Con lo viejo? Viejísimo. No hemos aprendido nada. Pero ¡caray, nada de nada! Ni agosto tampoco.
La historia se repite, pero los actores, como consecuencia del inexorable paso del tiempo, son distintos. Actores a los que sus maestros y sus familias parecen no haber enseñado que los intereses particulares, si no tienen proyección ni se dan la mano con los de los demás, se convierten en puro egoísmo y obsesión por ser y estar en una vida superior a la de los demás.
Pero… ¡por Dios! aunque me tome un somnífero, no descanso. La cabeza me da vueltas, pensando y pensando en mil y una ideas que se magnifican en mi mente y me cansan más de lo que estaba. Lo que necesito es irme de mi misma, menuda pamplina he escuchado hoy por tener tiempo y estar de vacaciones, en un mes que no me gusta, en vez de irme en mi Agosto del alma.
¡Ay conciencia, con lo guapa que estás durmiendo...! Lo único que se me ocurre es ponerme a cantarte:

“Arrorró conciencia
duerme tu dormir, es mi dormir
que durmiendo soñaremos,
el sueño de ser feliz”.

¡Hala, a mumú!, bien dormidita, por lo menos hoy que no estoy para rollos solidarios ni de educadora política. Así que meto a mi pseudodormida conciencia en mi bolso “Carolina Herrera”, me encasqueto mis “Manolos” rojos y me voy a pasarme la tarde, recogidita en la calle, en mi tertulia de amigas. Espero que no me la despierten... ¿O si lo quiero?

¡Ay, no sé! Estoy hecha un lío.

Texto añadido por Teresa Terán
En este mes de agosto no se habló de otra cosa, sino de elecciones, debido a               
Las circunstancias,  terminábamos de tener unas.
Se había comentado que habrían nuevas votaciones y como llegar a permanecer en el poder y desvalorando la magnitud y tragedia que esto abarca, sin  importar sus consecuencias. La gente esperanzada en un cambió y se había quedado defraudada al ver que nada cambió.
Vemos como España cuenta con un sistema multipartidista tanto nacional como autonómico;  la gente   dialogando sobre como quedó dividido y sin mayoría absoluta, todos pactando para su bien, actualmente hay mucha critica sobre el gobierno por incumplir sus programas y dejar que sus promesas electorales se las lleve el viento.
Solo miran por su bienestar y no se dan cuenta lo que está pasando en el entorno, mientras un pueblo lucha para sobrevivir día a día.
Los impuestos cada día son más elevados y no te puedes negar a pagar porque los perjuicios son muy perniciosos, buscas salidas y no encuentras.
Por eso amado agosto  espero que cuando vuelvas, sea con mucha  prosperidad ya que eres un mes de vacación por excelencia, y nos invitas a disfrutar de la vida, con ese sin fin de abanico que nos ofreces, y todo esto que ha ocurrido quede en el pasado…

Y verte sonreír de nuevo, y nosotros poderlo hacer contigo.